Así quiere despegar la Agencia Espacial de Colombia

Un grupo de investigadores, académicos y empresarios creó la Agencia Espacial de Colombia, una iniciativa que busca impulsar la industria aeroespacial en el país.

Con el propósito de generar e impulsar una industria en torno a la actividad aeroespacial, empresas, universidades y representantes de los gobiernos nacional y de Francia crearon la Agencia Espacial de Colombia.

Esta institución, cuya presidente ejecutiva y cofundadora es Pilar Zamora, una reconocida abogada colombiana con amplia experiencia en este tipo de desarrollos e iniciativas aeroespaciales, tuvo su primera Junta hace apenas unos días en Bogotá.

Pero a pesar de que la Agencia apenas despega, ya hay dos iniciativas para concretar este año.

La primera de ellas busca mejorar la conectividad para llevar contenido educativo a los sitios más remotos del país; la otra tarea de esta Agencia en 2018 será sacar adelante concursos de ingeniería en las universidades para el desarrollo de satélites en Colombia.

De la misma manera, se viene trabajando en un documento Conpes que definirá una política a mediano y largo plazo. Colombia es uno de los pocos países en la región y en el mundo que no cuenta con entramado productivo para desarrollo de la industria satelital. Lo más paradójico es que la posición geográfica del país es casi la ideal para el impulso de este sector. Las aplicaciones y usos son casi infinitos. Por ejemplo, se puede optimizar la predicción del clima para agricultores, mejorar los sistemas de defensa nacional, llevar más comunicaciones a sitios apartados. Pero no solo eso.

La actividad satelital puede optimizar buena parte de los procesos productivos en todos los sectores de la economía, debido al fácil acceso y cubrimiento de esta tecnología. Empresas como Airbus Thales y Eutelsat serán parte de los agremiados.

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Falcon Heavy: comienza una nueva era espacial

El pasado lunes 5 de febrero las redes sociales mostraron casi en tiempo real una rara e hipnótica imagen:un descapotable de color rojo cereza de la marca Tesla surcaba el espacio con un astronauta al volante. La carrocería reflejaba la neblinosa atmósfera de la Tierra y el piloto, un maniquí llamado Starman, miraba hacia el frente con estoicismo en su camino hacia las estrellas. Los colores se veían extrañamente nítidos, a causa de la ausencia de atmósfera, y la panorámica parecía sacada de una película de serie B. Pero todo era resultado de un hecho histórico en la carrera del hombre al espacio: el automóvil fue enviado a las estrellas en el primer vuelo de prueba del cohete Falcon Heavy, de la compañía Space X. Este se convirtió en el lanzador más pesado en décadas,desde los Saturn V y Energiya, y su poder duplicó al que ostentaba la corona hasta ahora, el Delta IVHeavy. Además es el primero que es parcialmente reutilizable.

Dado que el descapotable «es solo un coche normal», como dijo Elon Musk, director de Space X y Tesla, no se sabe con seguridad si acabará incrustado en algún asteroide o si vagará por el espacio durante millones de años. Pero lo que sí que se sabe con certeza es que el envío del descapotable es una eficaz campaña de publicidad y que el relevante despegue del cohete marca un antes y un después.

«Fue un lanzamiento revolucionario», explica a ABC Héctor Guerrero, del Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA). «Es la primera vez que una compañía privada hace un lanzamiento más allá de la órbita terrestre (lo que requiere cohetes muy potentes) y además se ha hecho con artefacto cuyas piezas pueden recuperarse, lo que conlleva que los costes sean muy inferiores. Todo esto es muy novedoso».

Cohetes reutilizables

El Falcon Heavy, un coloso de 70 metros de altura equipado con 28 motores, despegó del complejo de lanzamiento 39A, en el Centro Espacial Kennedy, Florida. Después de una retransmisión de vértigo, seguida en todo el mundo, dos de los tres cohetes de la primera fase del Falcon Heavy, que son los que rugieron para elevarlo desde la superficie hasta la órbita, se posaron a la vez en tierra, en una danza sincronizada y disponibles para volver a ser usados.

El SpaceX Falcon Heavy durante el despegue
El SpaceX Falcon Heavy durante el despegue– Reuters

«El hecho de que los cohetes sean reutilizables, implica que solo hay que recargarlos de combustible y cambiar algunas piezas para que puedan volver a volar», explica Guerrero. El acontecimiento clave en este sentido ocurrió el 30 de marzo de 2017, cuando Space X logró por primera vez hacer volar un cohete ya había usado en una ocasión: un Falcon 9. Por entonces, el astrofísico y divulgador científico Neil deGrasse Tyson, dijo: «Después de volar en un Boeing 747 para cruzar grandes distancias, no lo tiramos y lo cambiamos por uno nuevo. La reusabilidad es probablemente el rasgo más fundamental que permite que las cosas caras sean asequibles». De hecho, los cohetes espaciales son especialmente costosos y difíciles de construir. Aunque es un secreto comercial de Space X, se considera que cada uno de los tres cohetes Falcon 9 que componen el Falcon Heavy cuesta casi 30 millones de euros.

Silicon Valley

Pero aparte de esto, para Héctor Guerrero, «la gran revolución es que Estados Unidos ha tenido el acierto de dejar que las empresas privadas accedan al espacio. Los emprendedores y los fondos de inversión de Silicon Valley han cambiado el concepto de las misiones, los tipos de lanzadores y los costes». Entre otras cosas, por ejemplo, algunas compañías han adoptado el modelo de producción en cadena para fabricar cohetes o pequeños satélites para reducir costes, como en los proyectos Iridium Next o OneWeb.

Es lo que ha venido a llamarse «New Space», un difuso concepto que describe la entrada en el espacio en Estados Unidos de multitud de compañías privadas, frente a modelos más nacionales o institucionalizados, como ocurría en la Guerra Fría o pasa en Europa, Rusia o China. «Esto va revolucionar de nuevo la carrera espcial», explica Guerrero. «Quizás permitirá la llegada del turismo espacial, la exploración de Marte o la explotación de asteroides».

Un automóvil Tesla Roadster rojo cereza flota en el espacio después de que fue transportado allí por el Falcon Heavy de SpaceX
Un automóvil Tesla Roadster rojo cereza flota en el espacio después de que fue transportado allí por el Falcon Heavy de SpaceX – Reuters

«Estados Unidos va a estar en la cabeza de la reutilización en el espacio durante muchos años», dice Raúl Torres, cofundador de PLD Space, una empresa española que trabaja para la Agencia Espacial Europea (ESA) en el desarrollo de un cohete espacial reutilizable para lanzar pequeños satélites. Space X dominará, con sus Falcon y su nuevo y colosal BFR. Pero aparte hay otras importantes empresas estadounidenses desarrollando cohetes espaciales, como Blue Origin y United Launch Alliance, con sus New Gleen y Vulcan. Mientras tanto, en Europa se trabaja en el desarrollo del Arianne 6, la NASA, Rusia y China trabajan en nuevas versiones de megacohetes, el SLS, el Angara y el Long March, respectivamente, e India, Japón y Ucrania tienen también sus propios lanzadores.

La posición de Europa

«Lo que más me preocupa es en qué posición queda Europa después del lanzamiento del Falcon Heavy», explica Torres. «Nuestra única alternativa es el cohete Arianne 6, que no tiene ni una cuarta parte de la capacidad del Falcon y que ni siquiera es reutilizable». En su opinión, el mercado europeo corre el riesgo de quedar descolgado. Tal como dice, el modelo empresarial ha permitido en Estados Unidos que las decisiones técnicas tengan más peso que las políticas,como pasa en Europa. Quizás por eso, con una inversión similar, Space X ha hecho volar el Falcon Heavy y Europa aún deberá esperar a 2020 o 2021 para lanzar su Arianne 6, que depende fundamentalmente de dos colosales empresas europeas, Airbus y Thales. «Es evidente que en Europa algo no funciona».

Las empresas de EE.UU. están revolucionando el mercado espacial y abaratando los precios

Guerreo coincide en este sentido. «Europa tiene que reaccionar. Debe seguir desarrollando sus líneas del cohete Vega (un lanzador pequeño y barato) y Arianne 6, que será un cohete con mucha fiabilidad.Pero a mi modo de ver tiene que avanzar en que el acceso al espacio dela iniciativa privada sea más ágil». El gran problema, es que el tejido económico de fondos de inversión y banca que permite ese avance en EE.UU. no es comparable en Europa.

Bernard Foing, miembro de la ESA subraya la fiabilidad del cohete Arianne y los esfuerzos en reducir el coste de los lanzamientos.Además, incide en la importancia de la nueva generación de cohetes pesados y los reutilizables para establecer una base en la órbita o en la superficie de la Luna, lo que se considera como el primer paso antes de ir a Marte o de explotar un asteroide. Parece que esta carrera ya ha comenzado.

Primera junta directiva de la Agencia Espacial de Colombia

El lunes 26 de febrero la Corporación de la Industria Aeronáutica Colombiana CIAC S.A participó en la primera junta directiva de la Agencia Espacial de Colombia de iniciativa privada.

Esta reunión tenía el objetivo de crear conocimiento y promover el desarrollo de la visión espacial en el país, articulando el conocimiento gubernamental especializado, la academia y la industria aeroespacial.

La junta contó con la participación de la embajada de Francia, el Departamento Nacional de Planeación, la Bolsa Mercantil de Colombia, la Universidad Sergio Arboleda y la CIAC.

La tecnología satelital solucionaría muchos problemas

La carrera espacial que empezó hace más de 60 años en el mundo, en Colombia pareciera que continua siendo un plan.

Sin embargo, desde el 2017 la Agencia Espacial de Colombia (AEC), dirigida por Pilar Zamora, su fundadora, comenzó a trabajar en proyectos que visibilicen la necesidad que la nación tiene de adquirir esta tecnología, y de los usos que, en la práctica, podrían contribuir a solucionar o controlar diversos problemas.

(Lea: Alistan uso de tecnología satelital para exploración)

Portafolio habló con la líder de esta organización que, a pesar de no ser conocida por diversos sectores, tiene objetivos muy ambiciosos que beneficiarían a todo el país, como es el caso de la conectividad con un solo satélite que, según ella, sería posible en el término de un mes si así se lo propusiera.

(Lea: El rol de la ciencia, la tecnología y la innovación en el deporte)

¿Cuál es el propósito de la AEC?

Nuestro objetivo clarísimo de la agencia es articular los ejes de la academia, la industria y el gobierno para traer la tecnología espacial y aplicarla a todas las necesidades que tenemos como país, con lo que a su vez se podría generar una industria que puede abrir oportunidades económicas y de empleo.

¿Cuáles son los problemas que se podrían tratar?

Las aplicaciones son infinitas y muy tangibles a nuestras vidas, un ejemplo es la planeación urbana con lo que se puede saber hacia donde están creciendo las ciudades y responder a ese desarrollo de manera adecuada como pasa en lugares como Shangái o Nueva York.

(Lea: El reinado de las máquinas)

También se puede hablar de control de tráfico, de fronteras, mares y ríos; así como de pronósticos meteorológicos para saber cuándo va haber fenómeno de El Niño, que son cosas que en otros lugares se hacen de manera cotidiana y aquí no. Otro uso factible está relacionado con hacer procesos de agricultura de precisión y, sobre todo, de conectividad, con lo que se puede aspirar a desarrollar programas educativos en lugares apartados de manera realista y a corto plazo.

¿Cuál es la situación actual?

Para mí es como si viviéramos en un país donde no hay carros porque en el resto del planeta los satélites tienen muchos usos.

Además, Colombia podría ser el líder de desarrollo regional satelital si quisiera serlo, por su ubicación geográfica privilegiada en el centro de América. Sin embargo, es el único país de la región Latinoamericana que no tiene satélites.

El otro aspecto es que hoy las imágenes satelitales se compran y cada organismo del estado lo hace de forma independiente, pero no se hablan entre sí. Entonces se están gastando US$10 millones al año en conjunto, pero si se unieran podrían gastarse US$500 mil, o meter ese dinero en un modelo financiero para comprar un satélite. Incluso podrían entrar a pertenecer a una constelación de satélites y abrir la oportunidad para que todos los sectores aprovecharan estos recursos.

¿Qué programas están desarrollando?

Uno de los proyectos es de apoyo a la reactivación del campo con programas de inclusión financiera. Esto funcionaría de la siguiente manera: actualmente, para un campesino es complicado acceder a crédito porque generalmente no son personas bancarizadas.

Sin embargo, con el uso de radares las entidades bancarias podrían monitorear los cultivos y los terrenos de estas personas para confirmar que los tienen y para ver en qué van a ser usados los recursos.

Otro aspecto que nos interesa es la educación. Esta semana firmamos un convenio con la Agencia Espacial Ecuatoriana para trabajar en un programa que se llama ‘Un satélite para el aula’, el cual consiste en que los niños de las escuelas públicas pueden acceder a cursos de distintas disciplinas conectándose a una plataforma de tecnología satelital desde la que pueden hacer laboratorios y familiarizarse con ello.

Como esto, nos interesa promover la educación en lugares apartados donde no hay internet pero que habría si se usa un satélite. Hay poblaciones a las que no se accede por carretera y construirla puede tomar años, sin embargo, Colombia podría estar conectada, y sus 32.000 escuelas, con un satélite en un mes, uno podría decir que la solución a la conectividad en Colombia es esta.

La idea contempla facilitar las soluciones de tecnología y de esa forma cerraríamos la brecha de ‘última milla’ donde la conectividad no llega al campo porque solamente existe una red de fibra óptica que pasa por la mitad del país y el resto queda desconectado.

¿Por qué antes no se comenzó a desarrollar esta industria?

El problema es de voluntad política y que el país entienda que es supremamente necesario para la conectividad. En este gobierno yo hablé con algunos ministros y ellos decían que las ideas sonaban maravillosas pero que no sabían cuál era el ministro competente, y ahí quedó todo. Mientras tanto el país siguió gastando mal los recursos en educación y conectividad en programa que no son efectivos, como por ejemplo los kioskos de Vive digital; incluso sé que hubo lugares donde entregaron tabletas sin internet y sin contenido, y eso no tiene sentido.

LA AGENCIA ESPACIAL DE COLOMBIA

La Agencia Espacial de Colombia, es una entidad sin ánimo de lucro de origen privado, creada con el propósito de articular a los diferentes actores de la sociedad en pro del desarrollo de la industria espacial en el país.

La junta directiva está conformada de forma interdisciplinaria por organismos de distintos sectores, tales como el Departamento de Planeación Nacional, el Planetario de Bogotá, la Bolsa Mercantil de Colombia, la Embajada de Francia y distintas instituciones de educación superior como la Universidad Sergio Arboleda.

La organización inició a operar el 4 de octubre de 2017 en conmemoración del día mundial del espacio por el lanzamiento del satélite Sputnik 1. Su fundadora es la PHd. Pilar Zamora Acevedo, quien ya había trabajado proyectos de política espacial.

La tecnología satelital sería la solución a muchos problemas

La carrera espacial que empezó hace más de 60 años en el mundo, en Colombia pareciera que continua siendo un plan.

Sin embargo, desde el 2017 la Agencia Espacial de Colombia (AEC), dirigida por Pilar Zamora, su fundadora, comenzó a trabajar en proyectos que visibilicen la necesidad que la nación tiene de adquirir esta tecnología, y de los usos que, en la práctica, podrían contribuir a solucionar o controlar diversos problemas.
Portafolio habló con la líder de esta organización que, a pesar de no ser conocida por diversos sectores, tiene objetivos muy ambiciosos que beneficiarían a todo el país, como es el caso de la conectividad con un solo satélite que, según ella, sería posible en el término de un mes si así se lo propusiera.

¿Cuál es el propósito de la AEC?

Nuestro objetivo clarísimo de la agencia es articular los ejes de la academia, la industria y el gobierno para traer la tecnología espacial y aplicarla a todas las necesidades que tenemos como país, con lo que a su vez se podría generar una industria que puede abrir oportunidades económicas y de empleo.

¿Cuáles son los problemas que se podrían tratar?

Las aplicaciones son infinitas y muy tangibles a nuestras vidas, un ejemplo es la planeación urbana con lo que se puede saber hacia donde están creciendo las ciudades y responder a ese desarrollo de manera adecuada como pasa en lugares como Shangái o Nueva York.

También se puede hablar de control de tráfico, de fronteras, mares y rios; así como de pronósticos meteorológicos para saber cuándo va haber fenómeno de El Niño, que son cosas que en otros lugares se hacen de manera cotidiana y aquí no. Otro uso factible está relacionado con hacer procesos de agricultura de precisión y, sobre todo, de conectividad, con lo que se puede aspirar a desarrollar programas educativos en lugares apartados de manera realista y a corto plazo.

¿Cuál es la situación actual?

Para mí es como si viviéramos en un país donde no hay carros porque en el resto del planeta los satélites tienen muchos usos.

Además, Colombia podría ser el líder de desarrollo regional satelital si quisiera serlo, por su ubicación geográfica privilegiada en el centro de América. Sin embargo, es el único país de la región Latinoamericana que no tiene satélites.

El otro aspecto es que hoy las imágenes satelitales se compran y cada organismo del estado lo hace de forma independiente, pero no se hablan entre sí. Entonces se están gastando US$10 millones al año en conjunto, pero si se unieran podrían gastarse US$500 mil, o meter ese dinero en un modelo financiero para comprar un satélite. Incluso podrían entrar a pertenecer a una constelación de satélites y abrir la oportunidad para que todos los sectores aprovecharan estos recursos.

¿Qué programas están desarrollando?

Uno de los proyectos es de apoyo a la reactivación del campo con programas de inclusión financiera. Esto funcionaría de la siguiente manera: actualmente, para un campesino es complicado acceder a crédito porque generalmente no son personas bancarizadas.

Sin embargo, con el uso de radares las entidades bancarias podrían monitorear los cultivos y los terrenos de estas personas para confirmar que los tienen y para ver en qué van a ser usados los recursos.

Otro aspecto que nos interesa es la educación. Esta semana firmamos un convenio con la Agencia Espacial Ecuatoriana para trabajar en un programa que se llama ‘Un satélite para el aula’, el cual consiste en que los niños de las escuelas públicas pueden acceder a cursos de distintas disciplinas conectándose a una plataforma de tecnología satelital desde la que pueden hacer laboratorios y familiarizarse con ello.

Como esto, nos interesa promover la educación en lugares apartados donde no hay internet pero que habría si se usa un satélite. Hay poblaciones a las que no se accede por carretera y construirla puede tomar años, sin embargo, Colombia podría estar conectada, y sus 32.000 escuelas, con un satélite en un mes, uno podría decir que la solución a la conectividad en Colombia es esta.

La idea contempla facilitar las soluciones de tecnología y de esa forma cerraríamos la brecha de ‘última milla’ donde la conectividad no llega al campo porque solamente existe una red de fibra óptica que pasa por la mitad del país y el resto queda desconectado.

¿Por qué antes no se comenzó a desarrollar esta industria?

El problema es de voluntad política y que el país entienda que es supremamente necesario para la conectividad. En este gobierno yo hablé con algunos ministros y ellos decían que las ideas sonaban maravillosas pero que no sabían cuál era el ministro competente, y ahí quedó todo. Mientras tanto el país siguió gastando mal los recursos en educación y conectividad en programa que no son efectivos, como por ejemplo los kioskos de Vive digital; incluso sé que hubo lugares donde entregaron tabletas sin internet y sin contenido, y eso no tiene sentido.

LA AGENCIA ESPACIAL DE COLOMBIA

La Agencia Espacial de Colombia, es una entidad sin ánimo de lucro de origen privado, creada con el propósito de articular a los diferentes actores de la sociedad en pro del desarrollo de la industria espacial en el país.

La junta directiva está conformada de forma interdisciplinaria por organismos de distintos sectores, tales como el Departamento de Planeación Nacional, el Planetario de Bogotá, la Bolsa Mercantil de Colombia, la Embajada de Francia y distintas instituciones de educación superior como la Universidad Sergio Arboleda.

La organización inició a operar el 4 de octubre de 2017 en conmemoración del día mundial del espacio por el lanzamiento del satélite Sputnik 1. Su fundadora es la PHd. Pilar Zamora Acevedo, quien ya había trabajado proyectos de política espacial.